Concebir la educación como algo fundamental para el desarrollo, tanto del individuo como
de la sociedad, es central en el compromiso de la educación inclusiva.
Esta visión implica que la educación debe verse, no como el privilegio de unos pocos, sino
como un derecho de todos. Medio siglo atrás, la Dirección Universal de Derechos
Humanos (1948) estableció que la educación es un derecho humano básico – derecho
reafirmado de la siguiente manera por el artículo 28 de la Convención sobre los Derechos
del Niño de la Naciones Unidas (1989):
1. Los estados partes reconocen los derechos del (la) niño (a) a la educación y, a
fin que ese derecho se pueda ejercer progresivamente y en condiciones de
igualdad de oportunidades, deberán en particular:
a) Implementar la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos(as);
b) Fomentar el desarrollo de las diferentes formas de la enseñanza
secundaria, incluida la enseñanza general y profesional, haciendo que
esté disponible y sea accesible para cada niño (a), adoptando las
medidas apropiadas tales como la gratitud de la educación y ofreciendo
asistencia financiera en caso de necesidad.
c) Tomar medidas para fomentar la asistencia regular a las escuelas y
reducir las tasas de deserción escolar.
2. Los estados partes fomentarán y alterarán la cooperación internacional en
cuestiones de educación, contribuyendo particularmente a eliminar la ignorancia
y el analfabetismo en todo el mundo y facilitar el acceso a los conocimientos
técnicos y a los métodos modernos de enseñanza. A este respecto, se tendrán
especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo.
Educación para Todos (as):
El movimiento de Educación para Todos (EPT) se preocupa, tal como sugiere su nombre,
de asegurar el acceso (al menos) a una educación básica para todos(as). Se lanzó en
1990, durante la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos(as) (la “Declaración de
Jomtien”).
“La educación es un derecho humano fundamental. Es la clave para el
desarrollo sostenido, la paz y la estabilidad dentro y entre los países, y por
ello constituye un medio indispensable para una participación efectiva en las
sociedades y las economías del siglo veintiuno, que se ven afectadas por
una rápida globalización”.
(Foro Mundial sobre Educación, 2000, par.6)
... debe tomar en cuenta las necesidades de los pobres y los
desaventajados, incluyendo a los niños y niñas trabajadores, que viven en
áreas rurales remotas y nómadas, niños y niñas, jóvenes y adultos
afectados por conflictos, por VIH/SIDA, hambre y mala salud; y aquellos con
necesidades especiales de aprendizaje.
(Foro Mundial sobre Educación, Notas, 19)
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