El autismo es un trastorno profundo del desarrollo que se manifiesta como una incapacidad para relacionarse con normalidad con las personas y las situaciones. Los niños y niñas con autismo no constituyen un bloque homogéneo de población, se presentan en ellos diferencias individuales dependiendo del nivel intelectual, las condiciones del entorno familiar, la presencia o no de otras discapacidades y la respuesta
educativa y de estimulación que se le ha venido prestando.
¿QUIÉNES SON?
Los rasgos que los caracterizan son los que siguen a continuación: Incapacidad, cualitativamente diferente, en la interacción social y en la comunicación.
- Retraso y alteraciones en el uso del habla, la comunicación y el lenguaje.
- Insistencia en mantener un ambiente sin cambios.
- Retraso mental asociado, en un alto porcentaje.
- Alteraciones en el ritmo de desarrollo.
- Respuestas anormales a estímulos visuales.
- Desarrollo de patrones estereotipados.
Estas pautas de comportamiento no se desarrollan igual ni tienen la misma significación en las distintas fases de la vida de estas personas.
¿CUÁLES SON SUS NECESIDADES EDUCATIVAS?
Sus necesidades pueden calificarse de extensas y permanentes. Se derivan de las alteraciones en la comunicación y el lenguaje (ecolalia, retraso en la adquisición del habla, dificultades de comprensión,… por lo tanto, necesita mejorar su desempeño lingüístico y comunicativo), en el ámbito cognitivo (suele haber un alto porcentaje de retraso mental, luego se necesita estimular y mejorar sus competencias cognitivas), en
la percepción (utilizada, no para conocer el medio sino para defenderse de él, parecen huir de los estímulos y no toleran la innovación,…), en el ámbito motor (autolesiones, aleteo reiterativo de brazos y manos, hiperactividad, estereotipias,…) y en la regulación de la conducta (esta es una de las necesidades de primer orden, se necesita fomentar el desarrollo de habilidades sociales y de comunicación e interacción con los iguales y los adultos).
¿CÓMO HA DE SER LA RESPUESTA EDUCATIVA?
Es necesario adaptar los objetivos y contenidos del currículum para promover un desarrollo cognitivo y social, procurar la reducción de la rigidez y de las estereotipias, eliminar las conductas inadaptadas y favorecer la disminución del estrés familiar.
La actividad escolar ha de estar rigurosamente planificada ya que los autistas requieren ambientes muy estructurados. La respuesta educativa ha de tener en cuenta los siguientes pasos:
Detección: En este proceso intervienen distintos profesionales para determinar cuál es el síndrome, sus habilidades, competencias y necesidades. Los profesionales de la educación, previa evaluación psicopedagógica, dictaminan cuál es la modalidad de escolarización más adecuada en cada caso. Dentro de las distintas posibilidades de escolarización, las aulas estables en centros ordinarios son, probablemente, una de las opciones más normalizadoras que permiten la atención individualizada y específica que este
alumnado requiere.
Adaptación del currículo: El profesorado evalúa las competencias curriculares del niño o niña autista y determina, basándose en el currículum, cuáles son las adaptaciones en los objetivos y contenidos y las opciones metodológicas más adecuadas. Intervención especializada: Se necesita la atención coordinada de diferentes profesionales, tanto en el ámbito educativo como en el de la salud: logopeda, psicólogo o pedagogo, fisioterapeuta, neurólogo y psiquiatra.
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