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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Psicopedagogos, esa noble profesión

En esta nota, un diálogo con la psicopedagoga Natalí Urdangarín, en homenaje a todos los profesionales que se vinculan tan estrechamente con el terreno de la educación, nutriéndose de diversas disciplinas para acompañar el proceso de aprendizaje.





El 17 de septiembre a lo largo de nuestro país se celebró el Día del Psicopedagogo, fecha que recuerda el fallecimiento de Jean Piaget, un reconocido psicólogo y filósofo suizo cuyo aporte al estudio del pensamiento y el lenguaje dio origen a la epistemología genética. Además en esa misma fecha, pero en 1982, se fundó la  Federación Argentina de Psicopedagogos (FAP).
Asociados a menudo con las dificultades en el ámbito escolar, la tarea de los psicopedagoos va más allá y busca dotar de herramientas para que aprender sea una experiencia formadora que garantice un desarrollo pleno.
Actualidad dialogó con Natalí Urdangarín, una profesional de 31 años oriunda de Piedritas y que hoy reside en nuestra ciudad, sobre el indispensable rol de los psicopedagogos.
 
.- Natalí, ¿en qué momento comenzaste a sentir interés por la psicopedagogía?
No fue mi primer elección; necesité ayuda para darme cuenta de que lo que me interesaba iba por el lado del aprendizaje. Fue en el intento de probar con otra carrera cuando tuve un click y dije "me gustaría ayudar a solucionar el problema de cómo estudiar y cómo leer un texto y lograr una comprensión que permita dar respuestas a un examen". Así, la propia experiencia me llevó a plantearme diversas cuestiones, que cuando las pude poner en palabras alguien me dijo "¿no pensaste en psicopedagogía?"
 
.- ¿Qué es lo que más te atraía de la carrera?
Lo que me atraía y me atrae es trabajar con el aprendizaje cuando existe una dificulta concreta como no poder leer, por ejemplo, o cuando hay una discapacidad. También se puede trabajar previniendo posibles dificultades, dándole a un chico estrategias de comprensión lectora.
Los ámbitos de inserción laboral de la psicopedagogía son educación, clínica, laboral y en todas se busca mejorar, favorecer o ayudar al proceso de aprendizaje, que es algo que nunca acaba; todo el tiempo aprendemos.
 
.- ¿Cuál es la función de un psicopedagogo?
Los  psicopedagogos nos ocupamos del ser humano en situación de aprendizaje. Como te decía, además de trabajar en el ámbito de la salud y la educación, la psicopedagogía hoy tiene un fuerte auge en el ámbito laboral, y grandes empresas contratan a psicopedagogos con el fin de  intervenir en el aprendizaje del trabajo y sus dificultades, para obtener mejores logros del individuo.
Al decir  "sujeto en situación de aprendizaje" no sólo nos estamos refiriendo al proceso sistemático que se da en  las instituciones, también nos ocupamos del sujeto en procesos de aprendizaje asistemático, porque que en realidad aprendemos desde que nacemos hasta que morimos, y no solamente mientras asistimos a una institución educativa. Podemos ofrecer alternativas de atención en todas las etapas del desarrollo, desde la estimulación temprana hasta abordajes terapéuticos en la tercera edad.
 
.- ¿Dónde estudiaste?
Estudié en la Universidad del Salvador, en Buenos Aires, y me recibí con el título de Licenciada en Psicopedagogía. Una vez recibida realicé una residencia en el Hospital Fiorito, de Avellaneda. Realicé la formación pedagógica dentro de la misma universidad, lo cual me brindó el título de Profesora en Psicopedagogía. Durante el tiempo que estuve en Capital realicé varios cursos de formación sobre neurociencias, dándole una vuelta de tuerca a la formación inicial.
 
.- ¿Qué recuerdos tenés de la carrera?
Los mejores, tuve profesoras que se destacan en lo psicopedagógico, que dirigen los equipos de los grandes hospitales de Buenos Aires, y ello me permitió hacer las prácticas en esos lugares, y a la par de ellas, lo cual fue fabuloso. Además, los dos primeros años tienen un tronco común con psicología y eso da una buena base sobre los procesos psicológicos intervinientes al momento de aprender.
 
.- ¿Cuál era tu materia preferida?
Me encantaba Cognición y Aprendizaje, ya que en ellas se ve el procesamiento que realizamos en nuestro cerebro para que se dé el aprendizaje. También Diagnóstico Psicopedagógico: el evaluar qué le está pasando al sujeto, pensar las diversas variables que intervienen y cómo pueden interferir u obstaculizar el proceso de incorporación de nuevo conocimiento, destreza o habilidad.
 
.- ¿Hace cuánto tiempo ejercés tu profesión?
Me recibí en 2008, y desde entonces me desempeño como psicopedagoga.
Empecé trabajando en el hospital con la residencia, y haciendo integraciones escolares de niños con necesidades educativas especiales en escuela o jardín común. De hecho, el primer niño con el que trabajé tiene síndrome de down, y hoy trabajo con un grupo de jóvenes con la misma condición. Ese inicio me marcó mucho y es lo que me mueve a nuevos desafíos en mi profesión.
 
.- ¿Dónde trabajás actualmente?
Desde que llegué a Villegas trabajo en ADERID. Actualmente estoy a cargo del grupo de jóvenes con síndrome de down del que te hablaba antes. Ellos son un motorcito en mi desempeño profesional, siento que hay mucho para darles y apuesto a que en un futuro no muy lejano sean vistos por lo que son y no por su síndrome. Considero que en eso estamos como sociedad: apostando a esos cambios.
Además, este año comencé a desempeñarme en Ce.A.T, un lugar donde se trabaja en la estimulación temprana brindando orientaciones y pautas de crianza a las familias. Son dos lugares donde en cada uno debo activar aspectos diferentes de mi profesión, ya que cada uno trabaja desde paradigmas y miradas diferentes, y eso está bueno; me mantiene activa.  Por otro lado, hasta el año pasado trabajé como profesora en el terciario del ISFDYT N° 145, otra experiencia diferente con desafíos diferentes.
.- ¿Cómo es la experiencia de trabajar con niños? ¿Qué sentiste la primera vez que lo hiciste?
Es  autenticidad pura, ellos son como son: espontáneos, vivaces. Aprendés con ellos, y lo que más te enseñan es a saber que cada uno es único, y que para cada uno tenés que pensar diferente, considerándolos a ellos, con sus particularidades y su mundo.
A veces uno espera muchos de ellos, apuesta, planifica, plantea objetivos y quizás ellos sólo esperan de vos que te sientes a su lado, que juegues un ratito, que de pronto seas su par o le des una cuota de aliento.
 
.- ¿Alguna anécdota?
Siempre pienso en la cantidad de veces que tuve que explicar qué estudiaba, repitiendo fuerte y claro cómo se dice "psi-co-pe-da-go-ga" (risas): "¿maestra jardinera?", era la respuesta. 
 
.- ¿Qué es lo más lindo de tu profesión? ¿Y lo más difícil?
Lo lindo es cuando podés ver cambios, modificaciones, por más mínimas que sean; es el momento en el que decís "¡se puede, vamos por más!".
Lo difícil está en que es una profesión poco clara. Cuando me recibí era poco conocida, pero hoy ese aspecto ha mejorado. Por otro lado, la falta de claridad de todo lo que podemos hacer como psicopedagogas hace que quede en una proponer y mostrar nuestro campo de incumbencia.
 
.- Qué rango de edades tienen los chicos con los que trabajás?
En este momento trabajo con niños de entre 1 mes y 3 años; y por otro lado jóvenes  entre 21 y 26. Siempre he trabajado con niños hasta preadolescentes.
 
.- ¿Cómo trabajás? 
La idea es buscar dentro de las habilidades de cada uno las más fortalecidas, y a través de ellas desarrollar o estimular las que presentan debilidades o dificultades; siempre a través del juego y considerando los aportes de las neurociencias, que nos hablan claramente del funcionamiento del cerebro. Teniendo esto de base, y sin descuidar lo socio-afectivo, podés obtener muy buenos resultados. Además, nunca se debe dejar de lado la familia, nexo fundamental de toda intervención que se pretenda hacer.
 
.- ¿Alguna experiencia que te haya marcado como psicopedagoga?
¡Sí! Cuando trabaja en el hospital me tocó una paciente de nacionalidad boliviana de 8 añitos, muy marcada por las características propias de su cultura, con una formación previa en su país de origen y con las dificultades de adaptarse a la modalidad escolar de aquí. Era indocumentada y viajaba desde muy lejos para ir a ser atendida. Contactarme con su escuela era muy difícil, y el día que lo hice no podía creer lo que me decían las autoridades y demás; en ese momento, no sé cómo, desde lo más profundo de mí defendí a esa niña, que nadie nunca había visto. Digamos que me enfrenté al sistema, con el apoyo de mi coordinadora, y logré provocar cambios. En mi despedida del hospital su mamá me dijo ?señorita qué vamos hacer sin usted mi hija y yo", fue muy gratificante y significó un quiebre importante; me replanteé muchas cosas, incluso hasta lo que había podido hacer. Pude darme cuenta que es una profesión en la que muchas veces con muy poquito uno puede hacer grandes cosas por el otro.
.- Si no hubieses sido psicopedagoga, ¿qué serías?
Muchas cosas, (risas) pero lo bueno es que en la psicopedagogía podés ser esas muchas cosas. Un día podes jugar a ser doctor, otro día verdulero, otro día docente, otro día periodista, otro día mecánico, pero siempre con el claro objetivo de que en cada una de esas profesiones el aprendizaje está en juego, lo importante es aprovechar cada momento.
 
.- ¿Qué le dirías a quienes estén pensando en seguir tu carrera?
Que la elijan, que hay mucho por hacer y que lo bueno es que siempre van a poder sacar su niño interior y ponerse a jugar. Alguna vez escuche ?no se para qué lo mando a la psicopedagoga si lo único que hace es jugar?, (risas) y por dentro pensé: "y sí, señor." Porque el juego es el primer motor de nuestros aprendizajes y lo será por el resto de nuestras vidas; en él se ponen en juego nuestras habilidades cognitivas, destrezas, intenciones, deseos, ¡tanto que me es imposible enumerarlo!
 
 


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