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miércoles, 1 de julio de 2015

Cuando la mente es el campo de batalla

Colas y escasez como arma de guerra

La artillería usada es el rumor y la persuasión, con el objetivo de romper el equilibrio afectivo, porque su ataque va a las emociones primitivas

Verónica Díaz Hung 

En Venezuela se libra una guerra que no usa balas, ni cañones, porque la artillería usada es el rumor, la desinformación, la persuasión y el campo de batalla es la mente, el atacado no sabe que es la víctima y que el control o descontrol de sus emociones es el objetivo del enemigo, porque se trata de un “Conflicto Prolongado de Baja Intensidad y de Modeladas Acciones”, como lo define Erick Rodríguez, quien explica que este escenario bélico se enmarca en la Guerra de Cuarta Generación que el poder imperial, con el apoyo de la oligarquía, han emprendido contra el país que posee el 20% de las reservas probadas de crudo del planeta. El analista social expone que la guerra psicológica es consecuencia de la guerra económica, porque requiere de un factor detonante, necesita un origen. Para entender la génesis de este psicoterror que tratan de inducir, Rodríguez señala que en la sociedad hay un conjunto de elementos que se relacionan con el equilibrio afectivo, como el estatus y valores, y los miedos y prejuicios, porque a partir de esos elementos se usa una instrumentación de guerra a través de los medios masivos y las redes sociales, donde el teatro de operaciones es la mente humana. Su objetivo es romper el equilibrio afectivo, su ataque va a las emociones primitivas. Pero se requiere un elemento, que acuerdo con la dosis y la mezcla, provoque un estado de tensión. Se trata de una estrategia de desgaste, montada sobre el rumor, que puede ser sigiloso, impetuoso o sumergido (aparece o desaparece). Te abruman de desinformación, te atosigan, para que se agoten los mecanismos de adaptación y resistencia. Se genera entonces la duda, que provoca tensión, lo que hace que se rompa el equilibrio afectivo, basado en el ánimo, el humor, porque se busca hacerlos inestables. Según Erick Rodríguez se genera lo que los sociólogos llaman la “terrortimia”, que es romper la tranquilidad del individuo de manera de influir en su estado social habitual. Al lograr esta ruptura el primer sentimiento es la indefensión y el abandono. Se experimenta una dualidad. Empiezas a dudar, experimentas zozobra, alarma. “Se busca crear confusión, porque al deteriorar la voluntad, el espíritu de reflexión y lucha se diluye, y si no tienes información para analizar, se crea un mecanismo de justificación, que quebranta la fe, y se entra en un ciclo de psicoterror, que evita el raciocinio”, analiza Erick Rodríguez. Entonces la desinformación y el engaño, genera lo que los sociólogos denominan distorsión cognitiva, que es cuando la mente nos sabotea. Esta afección es una especie de fallo en el pensamiento crítico. “Quieren llevarte a dudar, generarte incertidumbre. Es cuando comienzas a preguntarte si el presidente Maduro lo está haciendo bien, porque buscas un culpable, y te inducen a creer que la culpa la tiene el gobierno, porque se invisibiliza al verdadero culpable, es decir, a los empresarios en el caso de la guerra 

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