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lunes, 11 de marzo de 2013

POEMA DE HUGO CHAVEZ FRIAS A SU MAMÁ ABUELA MAMÁ ROSA


El estremecedor poema que Chávez escribió sobre el fin de sus días y el encuentro con su mamá Rosa
Publicado el 5 de marzo de 2013
Hallamos en las lecturas de “Chávez Nuestro”, una de las compilaciones más emblemáticas de la biografía del Presidente Hugo Chávez, una estremecedora poesía que el mandatario nacional escribió en enero 1982, a la luz de una lamparita en su Sabaneta natal.
Así dice el texto que recogió la periodista Rosa Miríam Elizalde y Luis Báez:
No voy a traicionar mis orígenes
No Voy a traicionar mi infancia de niño pobre en Sabaneta. Inmediatamente después que enterramos a la abuela Rosa Inés, en enero de 1982, me fui para casa de Adán y allí, en la noche, junto a una lamparita que él tenía en su pequeño estudio, escribí un poema dedicado a ella.
Me salió de un tirón. Fue una especie de juramento ante Rosa Inés, una memoria que es para mí sagrada:

Quizás algún día, mi vieja querida, dirija mis pasos hacia tu recinto.
 Con los brazos en alto y con alborozo coloque en tu tumba una gran corona de verdes laureles.
Sería mi victoria, sería tu victoria, y la de tu pueblo y la de tu historia.
 Y entonces, por la Madre Vieja volverán las aguas del río Boconó,
como en otros tiempos  tus campos regó, y por sus riberas  se oirá el canto alegre
de tu cristofué y el suave trinar de tus azulejos y la clara risa de tu loro viejo.
 Y entonces, en tu casa vieja tus blancas palomas el vuelo alzarán.
Y bajo el matapalo ladrará Guardián, y crecerá el almendro junto al naranjal.
 Y también el ciruelo junto al topochal y los mandarinos junto a tu piñal
y enrojecerá el semeruco junto a tu rosal y crecerá la paja bajo tu maizal

Y entonces, la sonrisa alegre de tu rostro ausente, llenará de luces este llano caliente
y un gran cabalgar saldrá de repente.
  Y vendrán los federales con Zamora al frente, y el catire Páez con sus mil valientes,
las guerrillas de Maisanta con toda su gente. O quizá nunca, mi vieja, llegue tanta
dicha por este lugar Y entonces, solamente entonces, al fin de mi vida,
yo vendría a buscarte, Mamá Rosa mía, llegaría a la tumba  y la regaría
Con sudor y sangre, y hallaría consuelo en tu amor de madre y te contaría
de mis desengaños entre los mortales.  Entonces, abrirías tus brazos y me abrazarías
Cual tiempo de infante y me arrullarías con tu tierno canto y me llevarías por otros lugares
a lanzar un grito que nunca se apague.
HUGO CHÁVEZ.


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